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Una sentencia del Tribunal Supremo ratifica la expulsión del polémico magistrado José Ramón Manzanares Codesal de la carrera judicial.
Los jueces, como la mayoría de colectivos profesionales, suelen ser bastante gremialistas y cuesta que un togado se atreva a cuestionar abiertamente alguna actuación discutible de sus compañeros. Sólo hay una excepción: el magistrado José Ramón Manzanares Codesal, de imposible olvido en los ámbitos jurídicos catalanes por su prepotencia...
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...por su nula fe en la reinserción de los delincuentes, por poner trabas para que los enfermos terminales pudiesen morir fuera de la cárcel y por su táctica de inventarse trámites inexistentes.
La pasada semana, el Tribunal Supremo le confirmó una condena de dos años y medio de inhabilitación, "con pérdida definitiva del cargo de juez". Sólo si prosperase un indulto que la sala que lo condenó ha pedido al Gobierno, Manzanares podría volver a concursar para obtener una plaza judicial. La condena tiene argumento: cuando era juez de Vigilancia Penitenciaria en Barcelona, "retrasaba maliciosamente" la concesión de permisos navideños a los reclusos.
El motín
Ningún juez se dejó oír ante la expulsión de Manzanares de la carrera judicial, lo que demuestra que el sentido común prima frente al gremialismo; o quizá porque todos recuerdan que en las Navidades de 1998 estuvo a punto de producirse un motín en la prisión de Quatre Camins (La Roca del Vallès) a causa de los "objetivos torticeros, espurios, ajenos y contrarios a los legales que por su función judicial venía obligado a preservar", según consta en la sentencia del Supremo.
A Manzanares, de 44 años, la vocación le venía de familia. Su padre es José Luis Manzanares Samaniego, exvicepresidente del Consejo General del Poder Judicial. Manzanares Codesal fue funcionario de prisiones antes que juez. De ahí debió de salir su pasión por el orden.
Ingresó en la carrera judicial en 1988 y ejerció en Egea de los Caballeros (Zaragoza). Entre 1991 y 1999 fue titular del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria número 1 de Barcelona. Ningún preso de esa época ha podido olvidarle. Como no lo han hecho las madres de reclusos enfermos de sida que veían cómo el juez retrasaba el permiso de salida de sus hijos moribundos.
Creándose enemigos
Faustino Carrasco, encarcelado por robos en Quatre Camins, murió en el hospital penitenciario, porque Manzanares le negó hasta el último aliento la aplicación del artículo 60° del Reglamento Penitenciario, que permite excarcelar a los reclusos en fase terminal.
Al padre de José Antonio Ramírez Pérez, un joven de L'Hospitalet de 28 años, el juez no lo quiso ni recibir. Sólo gracias a la Audiencia de Barcelona, la familia logró sacarlo del ámbito penitenciario para que 15 días después falleciese en un hospital.
Manzanares mantuvo pulsos con todos los sectores: la Audiencia, la Fiscalía, los abogados, los responsables penitenciarios y la Generalitat, a la que le escamoteaba competencias. O acusaba falsamente a CiU de que un industrial había financiado al partido. No en vano, Jordi Pujol, llegó a llamar "desvergonzado" al ya exjuez Manzanares Codesal.
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Enviado por: pprocesalcom el Lunes, 03 de Febrero de 2003 - 01:56 AM CET
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